• CONSEFE

EXIGIR

Actualizado: 10 de jul de 2020

Por Alexandra Rivera Duarte

Artículo Ganador del Primer Puesto del Concurso de Textos en Conmemoración al Día de la Mujer

“Miss distrito capital ¿qué es más difícil, pedir perdón o pedir permiso?” Para las mujeres la respuesta es un poco muy desalentadora, para nosotras es más difícil pedir permiso porque toda la vida nos han adoctrinado para pedir perdón. Perdón por hablar tanto, perdón por no estar de acuerdo, perdón por ser tan sensible, perdón me maquille mucho, perdón me arregle poco, perdón mi ropa es muy escotada, perdón mi actitud es muy reservada, perdón por entrometerme, perdón por no estar presente. No es que disculparse este mal, el problema es que estamos tan acostumbradas a estar en la sombra, que actuamos como si no mereciéramos hacer lo que verdaderamente hace vibrar cada célula de nuestro cuerpo, sin pensar que le debemos algo a alguien. Hace poco leí en un libro esta frase “que te amen como deseas que te amen”. Pero ahí está el lio, ¿cómo saber cómo quiero que me amen? Cómo voy a saber cómo quiero que me besen, que me hablen, que me toquen, que me hagan el amor, si no me doy la oportunidad de exigir lo que quiero. Si me disculpo por ser ambiciosa, terca y guerrera. Si prefiero pasar desaperciba que incomodar. Si me excuso por gritar de la emoción, llorar de la rabia y pelear por las injusticias. Nos hemos convertido en el perfecto producto de una sociedad que solo buscaba suprimirnos para no tener que lidiar con nuestra grandeza. Lo peor es que no somos ingenuas, sabemos que nos están manipulando, sabemos que sonreír y fingir que estamos de acuerdo nos está matando por dentro, pero entonces ¿por qué los estamos dejando ganar? Es hora de que dejen de tener la autoridad de decidir por nosotras. No hay nada que genere más impotencia que escuchar a un hombre obstinadamente opinar sobre lo que debemos comer, vestir, actuar u opinar. Nos quedamos congeladas, queriendo quebrantar a gritos, preguntándonos quien les dio la potestad para poseernos, para maniobrarnos a su querer, para construirnos y destruirnos a su interés. A veces somos capaces de romper el silencio y defendernos, pero aun así ante ellos sonamos como locas, intensas o desesperadas. El problema es que nos han hecho creer que esto es una batalla contra nosotras, un duelo por demostrarles que somos capaces, que merecemos su reconocimiento. Pero no merecemos mendigar el respeto de nadie. Una vez una amiga me dijo, no aceptes nada a medias, porque una vez te sales del ideal de que debes encajar con el mundo y conformarte, dejas de ser su títere. No hay un manual de cómo empezar a convertirte en dueña de tu propia vida, por eso es tan difícil salir de entre las murallas que nos han impuesto. Pero como no hay receta, el primer paso es lanzarte a tu manera. Por ejemplo, yo soy una enamoradísima, me encantan los hombres, los deseo y los admiro. Pero al mismo tiempo que puedo amarlos desaforadamente, no me tiembla la voz para ponerle a un alto cuando me subestiman.


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