• José Elías Durán Roa

De instituciones e incentivos: Chile y la nueva constitución

Blog Económico


Apruebo o rechazo, fue la primera de las decisiones que tuvieron que tomar los chilenos en el plebiscito constitucional del 25 de octubre. ¿Apruebo o rechazo qué? Cambiar la constitución de 1980, actual constitución de Chile. Los titulares de muchos periódicos nacionales e internacionales dieron cuenta de cómo la opción apruebo se impuso de manera contundente con un 78,2% de los votos totales frente a un 21,7% del rechazo, lo que implica que pronto comenzará el proceso para cambiar la constitución. Es claro que en Chile han ocurrido acontecimientos que no pasarán rápidamente al olvido, con una nueva constitución se vienen cambios grandes. ¿Tiempos mejores? Esperemos que sí, pero por lo pronto analicemos lo ocurrido en Chile desde una perspectiva económica.

Por Guido Coppa. Unsplash.

Lo acontecido en el país andino puede entenderse por medio de un análisis institucional al más puro estilo de Acemoglu y Robinson en “Why nations fail” y los resultados del plebiscito resultan más claros si se estudian a la luz de los incentivos de los votantes. Comencemos entonces, de una vez, con una primera gran pregunta: ¿Instituciones inclusivas o extractivas? La respuesta a esta pregunta no es fácil y siempre existe el riesgo de politizar la propia respuesta o desmeritar la respuesta ajena por el mismo motivo. Sin embargo, aventurémonos a responderla mirando la historia y los indicadores del país en los últimos años.


Primer acto: El presidente Sebastián Piñera afirma en una entrevista realizada por el periódico Financial Times que “Chile es el oasis de Latinoamérica”. Segundo acto: poco menos de una semana después comienza el estallido social, que desconcertó a todos por su magnitud, fuerza y lamentablemente también por la violencia que se vivió en muchas regiones del país. ¿Cómo se llama la obra? Según muchos el título adecuado sería: Chile despertó, para otros fue la puesta en escena de una obra trágica, a la cual no vale la pena poner título. Pero más allá de la interpretación que se le dé a las manifestaciones del año pasado: ¿Qué tan cierta fue la afirmación del presidente?


Si hablamos de instituciones económicas Chile podría catalogare, a priori, como un país con instituciones inclusivas. ¿Porqué? Analicemos los indicadores de Chile los años anteriores a la afirmación del presidente Piñera. Para 2018 Chile tenía el gasto social más alto de la región equivalente a 16,1% del PIB muy por encima del promedio de Latinoamérica. Por otro lado, para 2017 tenía la segunda tasa de pobreza más baja del cono sur que ascendía a un 8,6%, cifra que contrasta fuertemente, por ejemplo, con el 26,9% que presentaba Colombia para la misma fecha. Y para rematar el PIB per cápita chileno en 2018 era también uno de los más altos del continente ascendiendo a 15.923 dólares anuales por persona según datos del Banco Mundial.


Y, por supuesto, no podemos pretender hacer un análisis de las instituciones económicas sin responder la pregunta que seguramente nos plantearía Douglas North si leyese esta columna: ¿Y los derechos de propiedad qué? Chile para 2018 era uno de los mejores países de la región para invertir, cuna de grandes cadenas de negocios como el grupo Cencosud y con un sector de pequeñas y medianas empresas que se encontraba en un periodo de crecimiento y se volvía cada día más sólido. Bueno, entonces, si todo al parecer y relativo a la región estaba tan bien ¿qué fue lo que falló? Múltiples analistas han dado diversas respuestas a esta pregunta, pero en este caso nos quedaremos con una sola de ellas: la concentración de la riqueza en manos de unos pocos, que en nuestro análisis institucional será la parte extractiva de las instituciones económicas de Chile. Según la CEPAL para el 2018 el quintil más alto de la distribución de ingreso acaparaba un 45% de la riqueza nacional mientras que el quintil más bajo concentraba únicamente un 8% de la riqueza total. Si se hace un análisis aún más específico se encuentra que el 1% de la población con más capacidad económica controla el 26,5% de la riqueza de Chile.


Sí, bueno… pero comparemos con otros países de la región, dirán algunos ¡Alto ahí! No se puede justificar una concentración de tales proporciones mirando a mi vecino que está peor, calmando así la conciencia y justificando lo injustificable. Mientras la comparación con el vecino sea un parche al propio problema, el “no estamos tan mal” será siempre una muletilla de la mediocridad. Las instituciones económicas chilenas a pesar de que pueden catalogarse por sus resultados como inclusivas, tienen un aspecto extractivo: la desigualdad. Y fue esto lo que muchos chilenos denunciaron en las calles y lo que llevó a repensar qué cosas marchaban mal en el desarrollo del país andino.


En este contexto comenzó a sonar la idea de reformar de base, la idea de cambiar la constitución. Y luego de muchos procesos llegó el plebiscito del 25 de Octubre, donde todos los chilenos tenían la posibilidad de votar. No fue una votación usual, no solo la decisión era distinta a una elección presidencial o del congreso, sino también el contexto en el que fue realizada y los incentivos detrás de cada voto fueron únicos. En primer lugar, fue una votación en plena pandemia de covid-19, por ello, para los votantes pertenecientes a la tercera edad, y en general para todos los ciudadanos, podía existir un incentivo fuerte para no salir a votar: “cuidarse de un posible contagio”. A este incentivo en contra de salir a votar se suma el no sentirse representado, o no creer en la legitimidad de la votación.


Sin embargo, a pesar de la pandemia, la participación electoral fue del 51%, dos puntos porcentuales más alta que la participación en la segunda vuelta de las elecciones del 2017. Y dentro de los votantes los jóvenes jugaron un rol fundamental. En las filas de votación se veía un claro predominio de votantes jóvenes, muchos ejercían el derecho al voto por primera vez. Independientemente de la opción, tanto los jóvenes que se inclinaban por el apruebo como quienes lo hacían por el rechazo, acudieron a las urnas, ya que creían y siguen creyendo firmemente que con el voto que marcaban podían cambiar el futuro de su país. Esta fuerza de los incentivos a votar se ve también en el voto chileno en el exterior, donde a pesar de las distancias, que en algunos casos implicaron viajes de una ciudad a otra, hubo una alta participación electoral y largas filas en los centros de votación.


Con los resultados del plebiscito se abre la puerta a un cambio de constitución por medio de una convención constituyente. Evidentemente las reglas de juego con esta modificación de base cambiarán. Nos encontramos ante un cambio institucional profundo, esperemos que el resultado sea que las instituciones económicas chilenas dejen de lado el aspecto exclusivo de la concentración de la riqueza en manos de unos pocos y tengamos instituciones inclusivas, en todo el sentido de la palabra. ¿Tiempos mejores? Esperemos, por el bien de Chile que así sea.

José Elías Durán Roa

Nota: Las cifras aquí enunciadas se basan en la publicación del Panorama de América Latina para 2018, publicado por la CEPAL y disponible en: https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/44395/11/S1900051_es.pdf